Lo lei, y sin duda él escribio de alguien muy parecido a mi..
LA INTELECTUAL
Ella escribe
continuamente
como un largo pulverizador
rociando
el aire,
y discute
continuamente;
no hay nada
que yo pueda decir
que no es en verdad
algo más,
luego,
paro de hablar;
y finalmente
discute con ella misma
afuera de la puerta
diciendo
algo como-
no estoy tratando de
impresionarme a mí misma
a partir de ti.
pero conozco
estará de
de regreso, ellas siempre
Vuelven.
y
a las 5 p. m.
estuvo golpeando a la puerta.
la dejo entrar
no me demoraré, dijo
si no lo deseas.
está bien, dije,
voy a tomar un
baño.
fue a la cocina y
comenzó con los
platos.
como estar casado,
aceptas
todo
como si así
hubiera sido.
-Charles Bukowski-
miércoles, 23 de junio de 2010
Uno se mete a escribir...
Mañana no trabajo, es feriado.
Um. Ya tengo dos libros que leer: La dama y el unicornio de Tracy Chevalier, y Demasiados Héroes de Laura Restrepo. Más excusas para dormir tarde. Más excusas para jamás prender la tv.
Hace rato recordé a Medina Reyes y a "Érase una vez el amor pero tuve que matarlo" y recordé que Medina no es mi preferido, y no amo todas sus paginas como amo las de Chaparro. Y menos es mi preferido, luego de que leí en su Twitter algo muy desagradable de Saramago, justo el día que murió.
En fin, citaré la mejor parte –Además de el capítulo en el que habla de Cid y Nancy- del libro que leí de este escritor.
“Uno se mete a escribir porque no fue capaz de pegarle a un chófer que lo puso en evidencia, porque no destrozó los platos en un restaurante, porque no se enfrentó a un policía loco que insultaba a su novia, porque no le dijo a su madre lo mucho que la amaba y detestaba, porque no escupió a un profesor que decía que la tierra era redonda, porque se dejó ganar el puesto en la fila del cinema, porque no tiene oficio ni beneficio, porque piensa que es una forma fácil de hacer fama y dinero, porque si lo hacen mamarrachos como García Márquez y Mutis uno también puede hacerlo, porque no es bueno para los números, porque no quiere ser médico ni abogado, porque está ardido, porque odia a la gente y quiere insultarla.
Uno se mete a escribir porque una chica linda le dijo que le gustaban los escritores, porque necesita una coartada para no trabajar, porque lo hace sentir superior, porque se leyó un par de novelas de vaqueros y quiere entrar en la competencia, porque es un cowboy sin oeste, porque cagatintas como Vargas Llosa lo hacen, porque no tiene voz, porque no tiene ritmo, porque está harto de hacerse la paja, porque quiere atorar a una mujer pero no hay forma, porque piensa que tiene algo que decir, porque descubre que las chicas lindas dicen que los escritores son tiernos pero salen con mafiosos, porque no lo dejan estrujar a la reina nacional de belleza, porque está flaco y no hay remedio, porque tiene miedo de morir sin haberle hundido los pelos a una chica linda, porque si un mamón hipócrita como Vargas Llosa escribe cualquiera puede hacerlo, porque sabe que el cine es tiempo perdido, porque tiene envidia de esos mandriles que salen en la pantalla y ganan millones, porque quiere ser como Bukowski a falta de mejores oportunidades.
Uno se mete a escribir porque no sabe boxear ni tiene agallas, porque tiene los dientes torcidos y no puede sonreír como quisiera, porque para los impotentes de toda índole no hay otro camino, porque todos los feos escriben o asesinan y uno no es capaz de matar una mosca, porque escribir da importancia, porque para que a uno le digan escritor no necesita hacerlo bien y para que lo llamen hijoputa no importa si su madre es una santa, porque tiene miedo de quedarse a la deriva sin hacer nada, porque no puede beber cada noche, porque ama a Dios pero odia las sociedades sin ánimo de lucro, porque no tiene novia, porque no hay emociones sino insultos, porque en su casa no hay tele y la radio se averió, porque la mujer del vecino es un bombón, porque tiene miedo de quedarse calvo y por eso evita los espejos. Uno se mete a escribir porque no se atreve a asaltar un supermercado, porque ama a una mujer y ella es la novia del chico listo de la cuadra, porque no hay suficientes revistas pornográficas, porque quiere hacer algo más que cagar y masturbarse, porque no es el chico listo de la cuadra ni el chico fuerte ni el gracioso, porque es el chico nada, porque vale tres tiras de verga, porque afuera lo cascan, porque su madre grita todo el tiempo, porque no hay ilusiones ni luz al final del túnel, porque su mente vuela bajo y nunca será otro Cioran, porque no tiene valor para saltar, porque no quiere la esposa fea que merece, porque tiene miedo de morir sin haber probado un bello culito, porque no tiene el modo de escupir de Clint Eastwood, porque se atasca entre una y otra intención, porque érase una vez el amor pero tuve que matarlo.”
Por cierto,ya que Medina Reyes nombro a Bukowski, aqui dejo una frase..
"Son las 4:30 de la mañana. Siempre son las 4:30 de la mañana"
:) Hasta pronto...
Um. Ya tengo dos libros que leer: La dama y el unicornio de Tracy Chevalier, y Demasiados Héroes de Laura Restrepo. Más excusas para dormir tarde. Más excusas para jamás prender la tv.
Hace rato recordé a Medina Reyes y a "Érase una vez el amor pero tuve que matarlo" y recordé que Medina no es mi preferido, y no amo todas sus paginas como amo las de Chaparro. Y menos es mi preferido, luego de que leí en su Twitter algo muy desagradable de Saramago, justo el día que murió.
En fin, citaré la mejor parte –Además de el capítulo en el que habla de Cid y Nancy- del libro que leí de este escritor.
“Uno se mete a escribir porque no fue capaz de pegarle a un chófer que lo puso en evidencia, porque no destrozó los platos en un restaurante, porque no se enfrentó a un policía loco que insultaba a su novia, porque no le dijo a su madre lo mucho que la amaba y detestaba, porque no escupió a un profesor que decía que la tierra era redonda, porque se dejó ganar el puesto en la fila del cinema, porque no tiene oficio ni beneficio, porque piensa que es una forma fácil de hacer fama y dinero, porque si lo hacen mamarrachos como García Márquez y Mutis uno también puede hacerlo, porque no es bueno para los números, porque no quiere ser médico ni abogado, porque está ardido, porque odia a la gente y quiere insultarla.
Uno se mete a escribir porque una chica linda le dijo que le gustaban los escritores, porque necesita una coartada para no trabajar, porque lo hace sentir superior, porque se leyó un par de novelas de vaqueros y quiere entrar en la competencia, porque es un cowboy sin oeste, porque cagatintas como Vargas Llosa lo hacen, porque no tiene voz, porque no tiene ritmo, porque está harto de hacerse la paja, porque quiere atorar a una mujer pero no hay forma, porque piensa que tiene algo que decir, porque descubre que las chicas lindas dicen que los escritores son tiernos pero salen con mafiosos, porque no lo dejan estrujar a la reina nacional de belleza, porque está flaco y no hay remedio, porque tiene miedo de morir sin haberle hundido los pelos a una chica linda, porque si un mamón hipócrita como Vargas Llosa escribe cualquiera puede hacerlo, porque sabe que el cine es tiempo perdido, porque tiene envidia de esos mandriles que salen en la pantalla y ganan millones, porque quiere ser como Bukowski a falta de mejores oportunidades.
Uno se mete a escribir porque no sabe boxear ni tiene agallas, porque tiene los dientes torcidos y no puede sonreír como quisiera, porque para los impotentes de toda índole no hay otro camino, porque todos los feos escriben o asesinan y uno no es capaz de matar una mosca, porque escribir da importancia, porque para que a uno le digan escritor no necesita hacerlo bien y para que lo llamen hijoputa no importa si su madre es una santa, porque tiene miedo de quedarse a la deriva sin hacer nada, porque no puede beber cada noche, porque ama a Dios pero odia las sociedades sin ánimo de lucro, porque no tiene novia, porque no hay emociones sino insultos, porque en su casa no hay tele y la radio se averió, porque la mujer del vecino es un bombón, porque tiene miedo de quedarse calvo y por eso evita los espejos. Uno se mete a escribir porque no se atreve a asaltar un supermercado, porque ama a una mujer y ella es la novia del chico listo de la cuadra, porque no hay suficientes revistas pornográficas, porque quiere hacer algo más que cagar y masturbarse, porque no es el chico listo de la cuadra ni el chico fuerte ni el gracioso, porque es el chico nada, porque vale tres tiras de verga, porque afuera lo cascan, porque su madre grita todo el tiempo, porque no hay ilusiones ni luz al final del túnel, porque su mente vuela bajo y nunca será otro Cioran, porque no tiene valor para saltar, porque no quiere la esposa fea que merece, porque tiene miedo de morir sin haber probado un bello culito, porque no tiene el modo de escupir de Clint Eastwood, porque se atasca entre una y otra intención, porque érase una vez el amor pero tuve que matarlo.”
Por cierto,ya que Medina Reyes nombro a Bukowski, aqui dejo una frase..
"Son las 4:30 de la mañana. Siempre son las 4:30 de la mañana"
:) Hasta pronto...
lunes, 7 de junio de 2010
Extrañando a mi Daimon.
Meses sin pasar por aquí.
Entre sólo porque mi mejor amigo actualmente vive en Madrid, y se abrió un blog en el que sinceramente creo que escribirá puras cosas que me harán reír, es decir, todo lo contrario al mío.
En fin, en estos meses ha pasado de todo, comencé a estudiar Diseño de Modas, lo dejé y me inscribí en el Instituto Brivil, porque ahí era que quería estudiar desde el principio. Comienzo en octubre, y los días pasan lento.
Comencé en un curso de costura, y.. ¿Adivinen qué? También lo deje. Mudaron la sede de sitio, no quise ir más y PUNTO!... Mi mamá me está dando las clases (ella es costurera) y estoy ahorrando dinero para mi Singer Fashion.
Sigo en el trabajo. Pronto son mis vacaciones. Salgo el 20 de julio y si todo sale bien me voy a Bogotá, porque necesito salir de esta ciudad.
Todo ha estado más o menos, ni bien, ni mal.
Y cito a Pink Tomate: “ Llega Amarilla de una fiesta y me dice oye Pink ¿cómo vas? Y yo le contesto bien, todo va bien. Salvo mi corazón. Todo va bien.”
Es así, simplemente es así.
Estoy leyendo Opio en las nubes por tercera vez, mientras consigo otro libro que leer.
Sólo espero que mi Daimon me rescate pronto, mientras tanto tengo un oso que fuma, un perro que siempre me acompaña y un compañero ideal.
Entre sólo porque mi mejor amigo actualmente vive en Madrid, y se abrió un blog en el que sinceramente creo que escribirá puras cosas que me harán reír, es decir, todo lo contrario al mío.
En fin, en estos meses ha pasado de todo, comencé a estudiar Diseño de Modas, lo dejé y me inscribí en el Instituto Brivil, porque ahí era que quería estudiar desde el principio. Comienzo en octubre, y los días pasan lento.
Comencé en un curso de costura, y.. ¿Adivinen qué? También lo deje. Mudaron la sede de sitio, no quise ir más y PUNTO!... Mi mamá me está dando las clases (ella es costurera) y estoy ahorrando dinero para mi Singer Fashion.
Sigo en el trabajo. Pronto son mis vacaciones. Salgo el 20 de julio y si todo sale bien me voy a Bogotá, porque necesito salir de esta ciudad.
Todo ha estado más o menos, ni bien, ni mal.
Y cito a Pink Tomate: “ Llega Amarilla de una fiesta y me dice oye Pink ¿cómo vas? Y yo le contesto bien, todo va bien. Salvo mi corazón. Todo va bien.”
Es así, simplemente es así.
Estoy leyendo Opio en las nubes por tercera vez, mientras consigo otro libro que leer.
Sólo espero que mi Daimon me rescate pronto, mientras tanto tengo un oso que fuma, un perro que siempre me acompaña y un compañero ideal.
martes, 23 de febrero de 2010
Ana - Cuento-
Ana camina desnuda por su casa, se fuma un cigarro, porque faltan 3 minutos para las 7:00 am y debe bañarse para estar en su infierno diario a las 8:30 pm. Piensa porque a los 30 años sigue despertando sola con un hamster ruso que ni siquiera le puede hablar.
Piensa eso a diario, porque la monotonía de Ana le inunda los pensamientos también.
Espera que pasen los 3 minutos sin afán, ella nunca esta apurada.
Termina su cigarro y agarra la toalla, y mientras camina piensa aún en que debería dejar de tener tanto sexo ocasional, y buscarse un hombre de verdad, pero mientras entra a la ducha, se acuerda de que está convencida de que eso sólo ocurre en las películas de Hollywood, el amor verdadero es efímero, ella siente amor por todos los hombres con los que ha cruzado más de diez palabras.
Se baña con agua fría, para terminar de abrir los ojos, y se tarda porque quiere hacer ese momento eterno, el contacto con el agua, con el agua helada, el jabón con olor a vainilla recorriendo su cuerpo, el shampoo de flores de cayena dándole consejos de cómo atrapar a un hombre útil, seguro de si mismo, y sin una pizca de cobardía, el exfoliante que le arranca de la piel el olor del compañero anterior, para hoy recibir al otro, con la misma sonrisa de siempre.
Se viste con jeans, botas vaqueras, franelilla, un chaleco cardigan, y el collar de perlas que heredo de su tía abuela. Se agarra el cabello dorado con una cola, se maquilla sólo las pestañas y los labios, y sale diciéndole al ratón que no la extrañe demasiado.
En el trabajo las llamadas de los pedidos de comida la atacan sin pudor, anota, dibuja, anota, dibuja, piensa y se distrae de tal manera que olvida que el teléfono suena sin parar, y deja de contestarlo. Al rato vuelve, cae en cuenta, y sigue trabajando.
A las 5:30 pm se va a su casa, a escoger su mejor vestido, sus zapatos más altos, y cualquiera de los conjuntos victoria's secret, se suelta el cabello, y ahora si se maquilla el rostro completo, polvo traslucido, rimel, pestañas postizas, blush on, y labial. Y todo eso para complacer a su compañero de esa noche, y esperar la llamada del que la amará al día siguiente.
Piensa eso a diario, porque la monotonía de Ana le inunda los pensamientos también.
Espera que pasen los 3 minutos sin afán, ella nunca esta apurada.
Termina su cigarro y agarra la toalla, y mientras camina piensa aún en que debería dejar de tener tanto sexo ocasional, y buscarse un hombre de verdad, pero mientras entra a la ducha, se acuerda de que está convencida de que eso sólo ocurre en las películas de Hollywood, el amor verdadero es efímero, ella siente amor por todos los hombres con los que ha cruzado más de diez palabras.
Se baña con agua fría, para terminar de abrir los ojos, y se tarda porque quiere hacer ese momento eterno, el contacto con el agua, con el agua helada, el jabón con olor a vainilla recorriendo su cuerpo, el shampoo de flores de cayena dándole consejos de cómo atrapar a un hombre útil, seguro de si mismo, y sin una pizca de cobardía, el exfoliante que le arranca de la piel el olor del compañero anterior, para hoy recibir al otro, con la misma sonrisa de siempre.
Se viste con jeans, botas vaqueras, franelilla, un chaleco cardigan, y el collar de perlas que heredo de su tía abuela. Se agarra el cabello dorado con una cola, se maquilla sólo las pestañas y los labios, y sale diciéndole al ratón que no la extrañe demasiado.
En el trabajo las llamadas de los pedidos de comida la atacan sin pudor, anota, dibuja, anota, dibuja, piensa y se distrae de tal manera que olvida que el teléfono suena sin parar, y deja de contestarlo. Al rato vuelve, cae en cuenta, y sigue trabajando.
A las 5:30 pm se va a su casa, a escoger su mejor vestido, sus zapatos más altos, y cualquiera de los conjuntos victoria's secret, se suelta el cabello, y ahora si se maquilla el rostro completo, polvo traslucido, rimel, pestañas postizas, blush on, y labial. Y todo eso para complacer a su compañero de esa noche, y esperar la llamada del que la amará al día siguiente.
Canela y su Diente de León - Cuento-

Canela tiene 8 años, pero mide lo que mide un niño de 5, ojos de búho y cabello ondulado. Le gusta el color que toma el cielo al atardecer, recoger caracoles en la playa y hacer cuadros con ellos, pero sobre todo le gustan las flores.
Ella despierta media hora antes de lo acordado con su madre para conseguir distintos tipos de flores cuando recorre el camino a la escuela, porque a diario compite con sus compañeras, quien tiene la flor más bonita, se las lleva todas a su casa.
Un día Canela descubre unas curiosas flores pequeñas y amarillas, pero lo que le llamó la atención fue los raros palitos adornados de frágiles hojas blancas y suaves que las acompañaban. Amarilla-pensó-, lo escogió sin dudarlo, lo guardo en una botella de vidrio y siguió su camino al colegio.
Canela no jugo ese día con sus compañeras, escondió celosamente su Diente de león y a diario agarraba uno, más nunca jugo con sus amigas, porque prefería a esa curiosa planta que todas las flores comunes que encontraban las demás niñas.
Un día cuando Canela ya tiene una colección de Dientes de León en varias botellas transparentes, Abelardo, la única persona que la hacía feliz, descubrió el tesoro de la niña, y la trato de convencer para que los sacara de ahí. Ella sin dudarlo le dijo que no, porque eran quebradizos y muy delicados.
Abelardo, confundido por la obsesión de la pequeña fue a su casa y la persuadió, le dijo que si sacaba uno, y no le gustaba lo que iba a hacer con él, ella podría seguir encerrando a la flor y dejar de confiar en él por el resto de sus vidas.
Canela asustada cedió, Abelardo la llevo a la ventana, y le dijo: “Sopla Canela, sopla”… Ella, aunque dudo lo hizo con todas sus fuerzas y ese momento se convirtió en el instante más mágico e inolvidable de toda su vida. Los pétalos del Diente de León, volaron libres con ayuda de la brisa y fue cuando encontró realmente la belleza de la planta. Los sacó todos de las botellas, y fue la mejor tarde de toda su vida. Abelardo jamás la defraudaba.
Canela siguió recolectando Dientes de León, y luego de soplarlos antes de entrar al salón de clases, guardaba los tallos en los frascos. Canela creció guardando cada recuerdo que estaba contenido en un simple tallo.
Ahora Canela tiene 60 años, y vive en un lugar cálido y su jardín adorna sus mañanas con miles de Dientes de León, y su sala está ataviada por cuadros en los que están dibujados su esposo Abelardo y ella soplando Dientes de León cada uno de los días de su infancia, el día de su matrimonio, en paseos y también en su hogar. Canela tiene un salón con miles de Frascos etiquetados por meses llenos de tallos de la planta, y sigue siendo su mayor y único tesoro.
jueves, 4 de febrero de 2010
Tú, el que saca al conejito del sombrero y lo deja libre
Tú, la obsesión patológica más dulce de mis días; la inyección con ganas de vivir, la vacuna en contra de la apatía, la única calle en donde quiero estar, el puente que quiero pasar, el cielo claro, oscuro, con nubes, sin ellas, que quiero ver. La ansiedad disminuida, la ciudad entera en mi cuarto, el diccionario de mis ojos, la materia prima de mi saliva, el estimulante de mis sentidos.
Tú, mi temperamento, mi cuenta cuentos, mi horno, mi musa, mi punto y final, mi poesía, mi canto, mi revolución, mi enciclopedia, mi narrativa, mi televisión, mi ideología, mi línea editorial, mi política.
Tú, mi papila gustativa, el arquitecto del castillo, el mejor fotógrafo, el héroe más valiente, el que me cuida los sueños, el que defiende mis deseos, la fabrica de dulces, mi mejor amigo.
Tú, la cuerda, el agua, la comida, la música, la fotografía en el museo, la paradoja de mi vida, la cama, el piso, la grama mojada, el columpio, el guión, el café con leche con mucha espuma de todas las mañanas, el jugo de naranja natural antes del café.
Tú, la mejor noticia, el video reclamando justicia, mi rebeldía, mi plaza, mi patria, mi bandera, mi territorio sin limites, mi cuidad, mi teatro, mi bar, mi cerveza, mi botella de vino en cualquier parte, mis ganas en cualquier sitio.
Tú, el regulador de voltaje, la alegría, la luz prendida, la calle sin tráfico, el mostró en la barriga, la mejor llamada, el sueño mas preciado, la única confianza, y la única esperanza.
Tú, el rayado, el ganador, el premio, el que maneja los títeres, el que saca al conejito del sombrero y lo deja libre, la nota en la mañana, el mensaje en la noche, la religión, el instrumento, el jardín, el parque de de diversiones, el viaje que quiero, la azúcar, el té.
Tú, mi escondite, mi lugar preferido, mi techo, mi escalera, mi medio de transporte, mi alimento, mi cura, mi sonrisa…
Tú, mi temperamento, mi cuenta cuentos, mi horno, mi musa, mi punto y final, mi poesía, mi canto, mi revolución, mi enciclopedia, mi narrativa, mi televisión, mi ideología, mi línea editorial, mi política.
Tú, mi papila gustativa, el arquitecto del castillo, el mejor fotógrafo, el héroe más valiente, el que me cuida los sueños, el que defiende mis deseos, la fabrica de dulces, mi mejor amigo.
Tú, la cuerda, el agua, la comida, la música, la fotografía en el museo, la paradoja de mi vida, la cama, el piso, la grama mojada, el columpio, el guión, el café con leche con mucha espuma de todas las mañanas, el jugo de naranja natural antes del café.
Tú, la mejor noticia, el video reclamando justicia, mi rebeldía, mi plaza, mi patria, mi bandera, mi territorio sin limites, mi cuidad, mi teatro, mi bar, mi cerveza, mi botella de vino en cualquier parte, mis ganas en cualquier sitio.
Tú, el regulador de voltaje, la alegría, la luz prendida, la calle sin tráfico, el mostró en la barriga, la mejor llamada, el sueño mas preciado, la única confianza, y la única esperanza.
Tú, el rayado, el ganador, el premio, el que maneja los títeres, el que saca al conejito del sombrero y lo deja libre, la nota en la mañana, el mensaje en la noche, la religión, el instrumento, el jardín, el parque de de diversiones, el viaje que quiero, la azúcar, el té.
Tú, mi escondite, mi lugar preferido, mi techo, mi escalera, mi medio de transporte, mi alimento, mi cura, mi sonrisa…
Los días de lluvia...
Los días de lluvia son días de té, biscocho con ricota, chocolate caliente, cigarros, paraguas, inspiración y tristeza. Todos los días de lluvia son domingos.
Son días de querer salir y huir de la lluvia, pero salir; son días de querer dormir hasta que todo pase.
Días sumergidos en las letras de un buen libro, días para aprender francés, días para hablar de la vida, para darte cuenta que la única opción que tienes es vivirla, es creerte que el mundo existe por ti, que el ocaso es hermoso por ti, que la luna llena sólo la ves tu.
Lunes, martes y miércoles para escuchar Yann Tiersen, para comer helados muriéndote del frío, para exigir un abrazo, para esperar otro día con lluvia, o sin ella.
Jueves, viernes y sábados para aprender nuevas cosas, para ver el rocío en las plantas muy verdes, para leerle un excelente libro a quien amas, en el metro, en una acera, en una plaza, en una cola.
Domingos, para ir al teatro, para odiar el silencio, para querer tomarte una botella de vino, o dos, para colapsar, para oler un perfume y revivir los días.
Un día de lluvia es saber que existe un mes que se hace llamar Julio, y que hay que tomar muchas fotos, a las lámparas, a las flores, al cielo, a la gente que no conoces y que no quieres conocer.
Julio para cantar canciones, para guardar los momentos en una caja, para usar guantes, para andar descalzos, para comer mango, para escuchar los grillos que cantan para dormirte, para hacer planes, para intentar vivir.
Julio para esperar agosto, para acostumbrarte a la ciudad y a los errores, un mes para defender el amor, para temer, para tener leves sonrisas, para invitar a alguien a besarte.
Los días de lluvia son para escribir sobre los días y los meses, para besar a tu perro hasta cansarte, para llorar en las madrugadas, para escribir cartas, para esperar a alguien, para sentirte extraño.