Tú, la obsesión patológica más dulce de mis días; la inyección con ganas de vivir, la vacuna en contra de la apatía, la única calle en donde quiero estar, el puente que quiero pasar, el cielo claro, oscuro, con nubes, sin ellas, que quiero ver. La ansiedad disminuida, la ciudad entera en mi cuarto, el diccionario de mis ojos, la materia prima de mi saliva, el estimulante de mis sentidos.
Tú, mi temperamento, mi cuenta cuentos, mi horno, mi musa, mi punto y final, mi poesía, mi canto, mi revolución, mi enciclopedia, mi narrativa, mi televisión, mi ideología, mi línea editorial, mi política.
Tú, mi papila gustativa, el arquitecto del castillo, el mejor fotógrafo, el héroe más valiente, el que me cuida los sueños, el que defiende mis deseos, la fabrica de dulces, mi mejor amigo.
Tú, la cuerda, el agua, la comida, la música, la fotografía en el museo, la paradoja de mi vida, la cama, el piso, la grama mojada, el columpio, el guión, el café con leche con mucha espuma de todas las mañanas, el jugo de naranja natural antes del café.
Tú, la mejor noticia, el video reclamando justicia, mi rebeldía, mi plaza, mi patria, mi bandera, mi territorio sin limites, mi cuidad, mi teatro, mi bar, mi cerveza, mi botella de vino en cualquier parte, mis ganas en cualquier sitio.
Tú, el regulador de voltaje, la alegría, la luz prendida, la calle sin tráfico, el mostró en la barriga, la mejor llamada, el sueño mas preciado, la única confianza, y la única esperanza.
Tú, el rayado, el ganador, el premio, el que maneja los títeres, el que saca al conejito del sombrero y lo deja libre, la nota en la mañana, el mensaje en la noche, la religión, el instrumento, el jardín, el parque de de diversiones, el viaje que quiero, la azúcar, el té.
Tú, mi escondite, mi lugar preferido, mi techo, mi escalera, mi medio de transporte, mi alimento, mi cura, mi sonrisa…
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