jueves, 4 de febrero de 2010
Los días de lluvia...
Los días de lluvia son días de té, biscocho con ricota, chocolate caliente, cigarros, paraguas, inspiración y tristeza. Todos los días de lluvia son domingos.
Son días de querer salir y huir de la lluvia, pero salir; son días de querer dormir hasta que todo pase.
Días sumergidos en las letras de un buen libro, días para aprender francés, días para hablar de la vida, para darte cuenta que la única opción que tienes es vivirla, es creerte que el mundo existe por ti, que el ocaso es hermoso por ti, que la luna llena sólo la ves tu.
Lunes, martes y miércoles para escuchar Yann Tiersen, para comer helados muriéndote del frío, para exigir un abrazo, para esperar otro día con lluvia, o sin ella.
Jueves, viernes y sábados para aprender nuevas cosas, para ver el rocío en las plantas muy verdes, para leerle un excelente libro a quien amas, en el metro, en una acera, en una plaza, en una cola.
Domingos, para ir al teatro, para odiar el silencio, para querer tomarte una botella de vino, o dos, para colapsar, para oler un perfume y revivir los días.
Un día de lluvia es saber que existe un mes que se hace llamar Julio, y que hay que tomar muchas fotos, a las lámparas, a las flores, al cielo, a la gente que no conoces y que no quieres conocer.
Julio para cantar canciones, para guardar los momentos en una caja, para usar guantes, para andar descalzos, para comer mango, para escuchar los grillos que cantan para dormirte, para hacer planes, para intentar vivir.
Julio para esperar agosto, para acostumbrarte a la ciudad y a los errores, un mes para defender el amor, para temer, para tener leves sonrisas, para invitar a alguien a besarte.
Los días de lluvia son para escribir sobre los días y los meses, para besar a tu perro hasta cansarte, para llorar en las madrugadas, para escribir cartas, para esperar a alguien, para sentirte extraño.
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