martes, 23 de febrero de 2010

Ana - Cuento-

Ana camina desnuda por su casa, se fuma un cigarro, porque faltan 3 minutos para las 7:00 am y debe bañarse para estar en su infierno diario a las 8:30 pm. Piensa porque a los 30 años sigue despertando sola con un hamster ruso que ni siquiera le puede hablar.
Piensa eso a diario, porque la monotonía de Ana le inunda los pensamientos también.
Espera que pasen los 3 minutos sin afán, ella nunca esta apurada.

Termina su cigarro y agarra la toalla, y mientras camina piensa aún en que debería dejar de tener tanto sexo ocasional, y buscarse un hombre de verdad, pero mientras entra a la ducha, se acuerda de que está convencida de que eso sólo ocurre en las películas de Hollywood, el amor verdadero es efímero, ella siente amor por todos los hombres con los que ha cruzado más de diez palabras.


Se baña con agua fría, para terminar de abrir los ojos, y se tarda porque quiere hacer ese momento eterno, el contacto con el agua, con el agua helada, el jabón con olor a vainilla recorriendo su cuerpo, el shampoo de flores de cayena dándole consejos de cómo atrapar a un hombre útil, seguro de si mismo, y sin una pizca de cobardía, el exfoliante que le arranca de la piel el olor del compañero anterior, para hoy recibir al otro, con la misma sonrisa de siempre.

Se viste con jeans, botas vaqueras, franelilla, un chaleco cardigan, y el collar de perlas que heredo de su tía abuela. Se agarra el cabello dorado con una cola, se maquilla sólo las pestañas y los labios, y sale diciéndole al ratón que no la extrañe demasiado.

En el trabajo las llamadas de los pedidos de comida la atacan sin pudor, anota, dibuja, anota, dibuja, piensa y se distrae de tal manera que olvida que el teléfono suena sin parar, y deja de contestarlo. Al rato vuelve, cae en cuenta, y sigue trabajando.

A las 5:30 pm se va a su casa, a escoger su mejor vestido, sus zapatos más altos, y cualquiera de los conjuntos victoria's secret, se suelta el cabello, y ahora si se maquilla el rostro completo, polvo traslucido, rimel, pestañas postizas, blush on, y labial. Y todo eso para complacer a su compañero de esa noche, y esperar la llamada del que la amará al día siguiente.

Canela y su Diente de León - Cuento-




Canela tiene 8 años, pero mide lo que mide un niño de 5, ojos de búho y cabello ondulado. Le gusta el color que toma el cielo al atardecer, recoger caracoles en la playa y hacer cuadros con ellos, pero sobre todo le gustan las flores.

Ella despierta media hora antes de lo acordado con su madre para conseguir distintos tipos de flores cuando recorre el camino a la escuela, porque a diario compite con sus compañeras, quien tiene la flor más bonita, se las lleva todas a su casa.

Un día Canela descubre unas curiosas flores pequeñas y amarillas, pero lo que le llamó la atención fue los raros palitos adornados de frágiles hojas blancas y suaves que las acompañaban. Amarilla-pensó-, lo escogió sin dudarlo, lo guardo en una botella de vidrio y siguió su camino al colegio.

Canela no jugo ese día con sus compañeras, escondió celosamente su Diente de león y a diario agarraba uno, más nunca jugo con sus amigas, porque prefería a esa curiosa planta que todas las flores comunes que encontraban las demás niñas.

Un día cuando Canela ya tiene una colección de Dientes de León en varias botellas transparentes, Abelardo, la única persona que la hacía feliz, descubrió el tesoro de la niña, y la trato de convencer para que los sacara de ahí. Ella sin dudarlo le dijo que no, porque eran quebradizos y muy delicados.

Abelardo, confundido por la obsesión de la pequeña fue a su casa y la persuadió, le dijo que si sacaba uno, y no le gustaba lo que iba a hacer con él, ella podría seguir encerrando a la flor y dejar de confiar en él por el resto de sus vidas.

Canela asustada cedió, Abelardo la llevo a la ventana, y le dijo: “Sopla Canela, sopla”… Ella, aunque dudo lo hizo con todas sus fuerzas y ese momento se convirtió en el instante más mágico e inolvidable de toda su vida. Los pétalos del Diente de León, volaron libres con ayuda de la brisa y fue cuando encontró realmente la belleza de la planta. Los sacó todos de las botellas, y fue la mejor tarde de toda su vida. Abelardo jamás la defraudaba.

Canela siguió recolectando Dientes de León, y luego de soplarlos antes de entrar al salón de clases, guardaba los tallos en los frascos. Canela creció guardando cada recuerdo que estaba contenido en un simple tallo.

Ahora Canela tiene 60 años, y vive en un lugar cálido y su jardín adorna sus mañanas con miles de Dientes de León, y su sala está ataviada por cuadros en los que están dibujados su esposo Abelardo y ella soplando Dientes de León cada uno de los días de su infancia, el día de su matrimonio, en paseos y también en su hogar. Canela tiene un salón con miles de Frascos etiquetados por meses llenos de tallos de la planta, y sigue siendo su mayor y único tesoro.



jueves, 4 de febrero de 2010

Tú, el que saca al conejito del sombrero y lo deja libre

Tú, la obsesión patológica más dulce de mis días; la inyección con ganas de vivir, la vacuna en contra de la apatía, la única calle en donde quiero estar, el puente que quiero pasar, el cielo claro, oscuro, con nubes, sin ellas, que quiero ver. La ansiedad disminuida, la ciudad entera en mi cuarto, el diccionario de mis ojos, la materia prima de mi saliva, el estimulante de mis sentidos.
Tú, mi temperamento, mi cuenta cuentos, mi horno, mi musa, mi punto y final, mi poesía, mi canto, mi revolución, mi enciclopedia, mi narrativa, mi televisión, mi ideología, mi línea editorial, mi política.
Tú, mi papila gustativa, el arquitecto del castillo, el mejor fotógrafo, el héroe más valiente, el que me cuida los sueños, el que defiende mis deseos, la fabrica de dulces, mi mejor amigo.
Tú, la cuerda, el agua, la comida, la música, la fotografía en el museo, la paradoja de mi vida, la cama, el piso, la grama mojada, el columpio, el guión, el café con leche con mucha espuma de todas las mañanas, el jugo de naranja natural antes del café.
Tú, la mejor noticia, el video reclamando justicia, mi rebeldía, mi plaza, mi patria, mi bandera, mi territorio sin limites, mi cuidad, mi teatro, mi bar, mi cerveza, mi botella de vino en cualquier parte, mis ganas en cualquier sitio.
Tú, el regulador de voltaje, la alegría, la luz prendida, la calle sin tráfico, el mostró en la barriga, la mejor llamada, el sueño mas preciado, la única confianza, y la única esperanza.
Tú, el rayado, el ganador, el premio, el que maneja los títeres, el que saca al conejito del sombrero y lo deja libre, la nota en la mañana, el mensaje en la noche, la religión, el instrumento, el jardín, el parque de de diversiones, el viaje que quiero, la azúcar, el té.
Tú, mi escondite, mi lugar preferido, mi techo, mi escalera, mi medio de transporte, mi alimento, mi cura, mi sonrisa…

Los días de lluvia...


Los días de lluvia son días de té, biscocho con ricota, chocolate caliente, cigarros, paraguas, inspiración y tristeza. Todos los días de lluvia son domingos.
Son días de querer salir y huir de la lluvia, pero salir; son días de querer dormir hasta que todo pase.

Días sumergidos en las letras de un buen libro, días para aprender francés, días para hablar de la vida, para darte cuenta que la única opción que tienes es vivirla, es creerte que el mundo existe por ti, que el ocaso es hermoso por ti, que la luna llena sólo la ves tu.

Lunes, martes y miércoles para escuchar Yann Tiersen, para comer helados muriéndote del frío, para exigir un abrazo, para esperar otro día con lluvia, o sin ella.
Jueves, viernes y sábados para aprender nuevas cosas, para ver el rocío en las plantas muy verdes, para leerle un excelente libro a quien amas, en el metro, en una acera, en una plaza, en una cola.

Domingos, para ir al teatro, para odiar el silencio, para querer tomarte una botella de vino, o dos, para colapsar, para oler un perfume y revivir los días.
Un día de lluvia es saber que existe un mes que se hace llamar Julio, y que hay que tomar muchas fotos, a las lámparas, a las flores, al cielo, a la gente que no conoces y que no quieres conocer.

Julio para cantar canciones, para guardar los momentos en una caja, para usar guantes, para andar descalzos, para comer mango, para escuchar los grillos que cantan para dormirte, para hacer planes, para intentar vivir.
Julio para esperar agosto, para acostumbrarte a la ciudad y a los errores, un mes para defender el amor, para temer, para tener leves sonrisas, para invitar a alguien a besarte.

Los días de lluvia son para escribir sobre los días y los meses, para besar a tu perro hasta cansarte, para llorar en las madrugadas, para escribir cartas, para esperar a alguien, para sentirte extraño.

Un lugar.


Un mundo literalmente de dos, sin terceros participando; sólo dos sentimientos, dos maneras de pensar, dos quimeras, dos creaciones y dos cuerpos.

Un país sin fronteras, colmado de dulces de patilla, de chocolate derretido cayendo siempre de nuestras mentes, de helado para probarnos y con una cereza adornándonos.

Un planeta con sabores entremezclados, creador de aromas, ingeniero de degustaciones segregadas, acreditado sobre las transpiraciones delicadas de los cuerpos; un planeta diestro en temperaturas producidas por el amor.

Lenguajes creados con las manos, con los labios; frases compuestas por las miradas, y pocas palabras.

Un universo que explota cada vez que nos acercamos mucho, partículas de nuestra imaginación, de los deseos que nos rondan, de las ganas que siempre nos atrapan.

Un astro en el que sólo esta permitido volar, y en el que es muy fácil hacerlo. Volar toda la noche, volar en la mañana con los rayitos del sol coleándose por la ventana y volar en las tardes con los ocasos que casi todos se pierden.

Una galaxia llena de sensaciones, de pieles erizadas, de temblores de cuerpos, de respiraciones aceleradas, y de muertes, muchas muertes.

Lenguas que se prueban, lenguas curiosas que se exploran, lenguas que se muerden, lenguas que se saborean… lenguas que se conocen y se enseñan.

Y sí, existe un lugar con demasiados cuentos por contar, inmoderadas maldiciones por decir, varias expresiones en los rostros por disfrutar, descomunales palabras, desmedidos abrazos, colosales palpitaciones y muchos silencios.

Tengo...



Tengo libros, con acentos, con mayúsculas, minúsculas, puntos suspensivos y errores ortográficos. Tengo lápices, hojas blancas y dibujos en mi mente, personas con ojos grandes y con mucho brillo, esperando para vivir en un papel bond.

Soy dueña de velas con olores, de cigarros encargados de robarme algunos minutos y de herramientas para construirme el corazón cada vez que me lo chocan y lo destruyen.

En mi cuarto hay rastros de tus pasos, pedazos de tu vida y de cualquier vida, también varios de la mía. Hay una tortuga que habla, peluches que tienen alma, títeres arquitectos de sonrisas, una cama que siempre me espera para dormirse, y un muñeco que sufre de miedo como yo.

Soy la única propietaria de la inspiración de muchos, diseñadora de palabras de aliento y también de palabras sin conciencia.

Tengo una guía turística en mi cuerpo y un diccionario en mis labios. Un libro de recetas en el paladar, una enciclopedia en mis ojos, y para terminar de describirme un repertorio poético en mis manos.

Tengo mucho de todo y a veces deja de ser mío. Tengo termómetros de espíritus, y un aparato detector de pasiones escondidas y por eso mismo lloro y es muy fácil sentirme sola.

También tengo el manual para construir un planeta para vivir mejor, varios asesores en el proyecto y un interesado en ayudarme…

Sigo pensando lo que he pensado siempre desde que siento, y por eso a veces dudo de tener aunque sea una vida.

Compuesto 1080.

Una inyección letal de compuesto 1080 para olvidar… muriendo quizás te dejen de rondar las historias de siempre por la sangre, por la piel…

Mercurio inhalado por una herida ya gastada.

Ántrax que entra por tu piel por una traición casi perfecta.

Miles de antídotos sin encontrar, para todos los sentimientos de un solo ser humano.

Anatoxina, cianuro, Tretrodotoxina, para dejar de pensar en el futuro.

Toxina botulínica para por fin borrar el pasado que persigue.

Un cerebro paralizado, unas células que dejan de funcionar, unos pulmones sin vida, dolores, muchos dolores… Todo para evitar más dolores luego.

Unas horas de sufrimiento para dejar de sufrir por siempre.

Unos minutos de infierno para dejar de vivir en él.

Un veneno para dejar de morir y comenzar a vivir.

Otro día mas...

Hoy es un día de crema para el cuerpo de cocoa derramada en una piel que ya esta muy reseca e implora un olor particular en ella.

Indudablemente es un día de medicamento para las vías respiratorias volcado en la ropa que extraña ser descongestionada.

También es un día de detergente con olor a manzana vaciado en el suelo que necesita borrar huellas que están en el.

Es un día sin nombre que recuerda un amor patológico pero constante.

Es otro día más con deseos inmanejables.

Un amanecer y un ocaso que se rehúsan a salir por que esperan la causa de una sonrisa, pero a pesar de eso, salen.

24 horas que gritan suplicando un amor.

Otro día más constructor de esperanzas.

Siempre hay un banco desocupado...


Hoy, con las ganas tradicionales de querer mudarme de mundo, con la certeza de que siempre va a haber un banco en esta difícil ciudad desocupado para mí, me siento a escribir….

Las palabras brotan por los poros, por que siempre las siento de verdad; y me agitan la razón para que retroceda el tiempo y recuerde, sólo recuerde.

Y las consecuencias son instantáneas por que deseo estar de nuevo en un jardín enorme, acostada, viendo sólo lo que quiero ver, no sólo ardillas, si no también las figuras en las nubes, y justamente todo lo que mi subconsciente extraña.

Y quiero que llueva a cantaros sólo para esperar un arco iris y convertirme en colores y para correr y mojarme en la lluvia, aunque lo odie.

Añoro encerrarme en el castillo que nunca tuve a dibujar milagros, a pintar fantasías que para mi no son utópicas, si no que existen de verdad.

Hablar conmigo misma, abrir puertas presuntuosas, tocar timbres de otras casas, rayar las paredes del castillo, escucharte contándome las mismas historias todos los días, leer los mismos cuentos, cocinar plantas, comer tréboles, hacer merengada de helado y frutas, prender velas de colores, acercarme a ti, alejarme de ti, llenar paginas de diarios, amar, amar…amar.

No quiero crecer más, quiero ser la misma de antes, y temerles a los payasos y amar a los arlequines. Quiero hundirme sola con la ayuda de mi imaginación en el mundo que desde que lo invente quiero para mí.

Quiero ser feliz, y no sentarme en un banco a percibir la única verdad que me rodea, que necesito pura magia para vivir exactamente como quiero hacerlo…. Y la magia está escasa.

Alucinando...



Te alucino… si lo hago. Y sin vergüenzas, sin normas de vida, ni reglas que rigen la cantidad de minutos que tiene permitido un ser humano para pensar en otro, me refiero a los límites creados por nosotros mismos para no excedernos a sentir.

Hoy, es primera vez que te escribo a ti, te lo mereces sólo por vivir en este planeta y tan cerca de mi, y tan dentro de mi, aunque nunca lo imagine.

Te escribo a ti , por que no me equivoque cuando te vi, estoy segura; y si lo hice, quiero ser dueña de todos los momentos para descubrirlo, para descubrirte, para que me descubras. Quiero darte mi vida en un segundo sin penas, sin recuerdos; quiero que te llenes de mis ángeles y si quieres también de todos mis demonios.

Quizás esto jamás te lo diré por que no serás tú tampoco el que valores mis quimeras, pero quiero intentar que seas otra huella en mí…. Otra mancha que forme parte de mi antología de experiencias.

Trataré de quedarme un poco en ti, y que aunque no estés conmigo, estés con un poco de mí.

No importa si todo esto dura un minuto o mil años, si te miré y volteaste sólo a mirarme, ya eso es suficiente para estar convencida de que fuiste el dueño de mi alma en ese ecuánime momento.

Supongo que en este momento es normal alucinarte y que justo ahora es preciso alucinarte. No me importa si más tarde fue el error más grave.

Te extraño aunque no tengo por que hacerlo, y estoy preparada para extrañarte aún más si existen los motivos perfectos para morirme por que no estas conmigo.

Me quiero morir hoy, la noche que te escribo, alucinando, que estas aquí, conmigo y más contigo que nunca, pero no me niego a morirme por la melancolía causada por que no te tengo ya.

Si existes...



Hoy es una de esas noches de luna llena; no sé si la luna esta llena, pero quiero que este llena. Muy llena, muy blanca y con el conejo que me hace creer que desde que tengo uso de razón estoy enamorada de ti y de la vida.
Otra vez abrí un blog, un blog que si la inestabilidad me lo permite espero seguir construyendo y llenando de verborragias, o quizás de palabras mágicas y sin sentido.
Me dio por recordarte, a ti que no se si existes, por eso me dieron unas ganas caóticas de escribir... de escribir muchas veces que te extraño y que quiero dejar de hacerlo.
Ni siquiera te he visto, no me muero por hacerlo, pero si me muero por que estés en algún sitio y tener la esperanza de verte.
Es cierto que no necesito ver tu rostro para saber que te quiero desde siempre y que no es necesario tocarte para darme cuenta de que tienes piel, de que tienes un olor que ya amo, pero es necesario vivir para llegar a tenerte y tocarte cada hora.
Te conozco, te invente y en algún sitio estas. Te siento, cuando te tengo muy cerca y no lo se y cuando te tengo muy lejos y lo sospecho.
Es una obsesión más que exquisita ser lo que soy por ti, no me arrepiento de escribirte a ti y que paseen por tu mente las palabras justas que quieres que te escriban.
Aquí estoy, esperando, esperándote y teniéndote a la vez.

El olor a incienso...

Aún cuando te voy a ver aparece el olor del incienso de sándalo; el mismo que olía cuando te iba a ver al principio, el principio demasiado perfecto, el principio que extraño con ímpetu, el principio que quiero volver a vivir, que quiero hacer que viva de nuevo.

No se si es para bien, o es para mal, que el olor al incienso nunca regala malos augurios, si no todo lo contrario, aunque luego todo se destruya; el humito de la varita con aceite esencial me posee, me construye, me deshace, me renueve, me desaparece y me hace caminar cada vez más rápido para llegar a darte un beso, en donde sea, pero un beso.

Creo que nunca se me va a olvidar la sonrisita que nuestros labios adoptaban cada vez que nos veíamos, creo que ya no ocurre; esa sonrisa tímida pero completa, ese gesto leve pero suficiente, esa expresión chica pero descomunal, yo aún sonrío cuando te veo, pero por dentro, yo aún te miro, te miro demasiado, por fuera, también por dentro.

Y también cuando apareces, o aparezco; se me revuelve la vida, y mi corazón si late, como cuando te tengo muy cerquita, aunque nunca lo sientas; y revolotean luciérnagas, con mucha energía, con luz excesiva . Y pienso en tú corazón que si se expresa como es, que no tiene pena, que late sin pensar mucho, mientras tú si lo piensas demasiado todo.

Vivimos en una guerra que cuando comenzamos a medir centímetros y milímetros con nuestros rostros se convierte en pura paz, aunque tú no tengas paz ahorita, ni yo tampoco, si existe paz cuando nos acercamos mucho, además no sólo paz, si no el deseo dotado de hermosura, el mismo deseo de siempre, que lo creo más de espíritu que de carne, que lo considero más demostración de amor que simples caricias, que es para mi el puente para algo rociado de brillantes, que es para los dos, aunque no estemos en unas escaleras, unas escaleras para el cielo.

Debo decir que te extraño como te extrañaba antes de conocerte; te necesito como te necesite toda la vida antes de mirarte a los ojos y caminar hacia a ti para hablarte, y que te miro con los ojitos que siempre he tenido, que no transmiten mucho, pero que brillan más desde que te descubrí.

Y para no seguir plasmando verborragias moderadas, pero igual intensas, no escribo más por hoy. O no escribo más por ti. Ya dije que te extraño, pero lo digo otra vez, te extraño. Y mi mente esta buscando estrategias para recordarte el sabor de los besos que existían diariamente y para conseguir los sueños que teníamos juntos, y las ideas que eran de los dos, los temas de conversación llenos de contrariedades, para ver si te hago regresar.

Ahora alucino magia.

La magia está, pero a veces se esconde; es como si hay que mover la barita mágica para que el mundo vibre y los olores se alteren.

¿Será que si mezclo miel, canela, vainilla y limón creó la magia?


Hoy, soy capaz de dar lo que sea por el sortilegio que hace falta. Y sin remordimientos lo escribo, me haces falta y te hago falta porque ni te tengo, ni me tienes.

Me haces sentir como nunca, pero no consigo el puente para en un futuro llegar a extrañar lo que me das, que para mí, es un puente más que indispensable para matarte con un beso.

Y sé que lo que quieres es que te destruya la vida con cucharadas de lo más toxico de mi, pero no lo logro, no tengo ni la pócima más benévola, ni el veneno mas letal. No lo tengo para ti.

Quiero salvarme de irme por otro túnel inventado corriendo y después llegar cansada a llorar hasta dormir por que no sirvo para amar a quien me ama.

Quiero sentir todos las luciérnagas revoloteando por mi alma, quiero que todos los caballitos del diablo me ericen la piel al pasar, quiero que te me acerques y me mandes al infierno, y me devuelvas y me traslades a una nube, y me hagas sentir más que nunca.

No te quiero perder y perderme otra vez, quiero una lluvia de sabores encima de los dos para probarnos después.

Anhelo que mis cinco sentidos funcionen al mismo tiempo si te siento venir.

Necesito lo que invento para inventar mi amor. Necesito que creas en lo que no existe como yo, para que sólo exista lo que dispongamos.

Preferiría pensar que otra vez fantasee con una utopía, pero no. La magia entre dos seres no muy humanos existe. Ha existido en mí. Me ha hecho existir, por eso la quiero otra vez.

No estoy esperando algo imposible, lo que deseo hoy es abstracto, pero muy real. Más real, mucho más real que tú mismo.

Aluciné tenerte, ahora alucino con querer tenerte.

Aluciné que me vieras, ahora alucino con no querer ser invisible.

Alucino que está el sabor dulce y el acido entre los dos.

Alucino con no haber alucinado nunca.

Las ganas de verte me estan dejando mal... ♥

Las ganas de verte me están dejando mal, y lo digo colmándome de paciencia para seguir deseándolo.

Antes era más que suficiente querer verte para que de cualquier manera aparecieras frente a mí. Supongo que eran tan intensas que era muy fácil que el mundo conspirara para ello.

Pero ya no, es que hasta el planeta se aburrió de complacernos. Se le quitaron las ganas al mismo tiempo que a mí de querer respirarte, de querer hacerte mío sólo con abrazarte cuando te veía y no me importaba lo que pensaras.

Ahora yo tengo las ganas otra vez, por que otra vez te amo. A mi me volvieron las inquebrantables ganas de intoxicarte con mi saliva, de envenenarte con mi sudor, y de matarte con una sonrisa frágil de las mías, que sólo existen cuando estoy contigo.

Te palpo los pensamientos y te acaricio los recuerdos revueltos, las ganas mal construidas las puedo sentir también, pero no es suficiente con eso. No te hago venir.

No logro hacer que pierdas el juicio y vengas a robarme un beso.

No logro volvernos locos para que nos matemos de amor una noche entera.

No logro perder la cordura para ir a mirarte como te miraba antes.

No soy capaz de agitar este lugar para que nos falle la memoria y la razón y comiencen a funcionar los sentidos y el corazón.

Hoy me tienes, y tienes mis ganas de estar despierta. Hoy eres dueño de mi libertad y de mis acciones. Pero hoy, justamente hoy no te encuentro.

Las ganas de verte me estan dejando mal... ♥

Las ganas de verte me están dejando mal, y lo digo colmándome de paciencia para seguir deseándolo.

Antes era más que suficiente querer verte para que de cualquier manera aparecieras frente a mí. Supongo que eran tan intensas que era muy fácil que el mundo conspirara para ello.

Pero ya no, es que hasta el planeta se aburrió de complacernos. Se le quitaron las ganas al mismo tiempo que a mí de querer respirarte, de querer hacerte mío sólo con abrazarte cuando te veía y no me importaba lo que pensaras.

Ahora yo tengo las ganas otra vez, por que otra vez te amo. A mi me volvieron las inquebrantables ganas de intoxicarte con mi saliva, de envenenarte con mi sudor, y de matarte con una sonrisa frágil de las mías, que sólo existen cuando estoy contigo.

Te palpo los pensamientos y te acaricio los recuerdos revueltos, las ganas mal construidas las puedo sentir también, pero no es suficiente con eso. No te hago venir.

No logro hacer que pierdas el juicio y vengas a robarme un beso.

No logro volvernos locos para que nos matemos de amor una noche entera.

No logro perder la cordura para ir a mirarte como te miraba antes.

No soy capaz de agitar este lugar para que nos falle la memoria y la razón y comiencen a funcionar los sentidos y el corazón.

Hoy me tienes, y tienes mis ganas de estar despierta. Hoy eres dueño de mi libertad y de mis acciones. Pero hoy, justamente hoy no te encuentro.

Salvavidas

Por una noche lo hiciste, me salvaste.

Y sin rencor alguno por que te tuve sólo ese día, y con una nostalgia a esas horas demasiado fulminantes, recuerdo todos los días que me salvaste.

No importa ya quien eres, mucho menos quien serás de ahora en adelante; importa que eres alguien y me revuelves la vida; eres otro caso inminente en mi subsistencia por el que voy a escribir.

Una mezcla más de sabores para la colección de manjares. Un aroma más para recordar antes de dormir. Una caricia más para revivirla cuando este sola. Sólo eso.

Me acostumbre a ti en segundos, te respiré y me respiraste para sonreír viviendo un ratito. Rece para que no se acabara el momento, pero fue en vano.

Rezo para que vuelvas a aparecer y no me dejes ahogarme. Quiero que me mantengas viva, más viva que nunca; que me desaparezcas del mundo, que me vuelvas inalcanzable.

Deseo dejar de sentir miedo. No quiero ser más vulnerable. No quiero sentir más dolor, quiero tenerte cerca, para que salves mis momentos, rescates mis sonrisas y ampares mis sentimientos.

Quiero un salvavidas como tú, pero que me dure toda la existencia, no solo un día.

Sábado en la noche.



Cuando estoy sola se me revuelven los pensamientos, pienso en ti como si fueras lo mismo que antes, mi cerebro se equivoca los sábados en la noche en que me quedo sola, en que solo escucho los grillos, y hace más frió que nunca. Mi cuerpo se confunde, pero esta seguro de que no te necesita, él sabe que tu calor no es lo que el quiere, pero mi alma se enreda con tus recuerdos, como si ya no te hubiese dejado de querer. Sí te deje de querer, pero cuando estoy sola no hago más que tratar de volver a hacerlo, es un mal necesario que no se como desprenderlo de mis sentidos, es lo único me que hace saber que antes también amaba a alguien, que antes también sentía.

Nunca he dejado de tenerte en mi mundo, y aún no se la razón, es el masoquismo desenfrenado con respecto a algo que todo ser humano tiene, tú eres lo que me hace sentirme mal, eres a lo que le echo la culpa sin remordimientos de estar un día sola en mucho tiempo, no eres tu el culpable ni la razón de que sea así pero lo hago inevitablemente.

Me muero por extrañarte y llamarte cuando mi sangre se mezcla con el alcohol, me muero por llorarte mientras me revuelco en el piso y te digo que vengas, que me ames, y que solo soy yo lo que tu quieres, que te acuerdes de lo que me decías, pero es imposible, por que no es así, por que decidimos no querernos y hasta el día de hoy lo mantenemos y ninguno de los dos vacila e intenta volver a hacerlo ni siquiera por unas horas.

Eres simplemente la obsesión patológica que necesita cualquier enamorado del amor para no olvidar la manera mas sucia que existe para que se desgarre un corazón, es solamente sustituir el pellizco por los recuerdos más maravillosos para saber que la vida no es un sueño, que se sufre, que el cuerpo se desintegra cuando no se tiene a alguien ya, que el alma pierde el color, que los labios extrañan la sonrisa.
Te tengo tanto asco y mi vida tanta estabilidad que me encantaría que llamaras para bajarte la autoestima y subírmela a mi por que después de todos los años de infierno me necesitas tu también para estar triste y saber que todo el asunto de ese amor que paso hace años le da nauseas a tu corazón.

Nos encanta recordar que fuimos felices para odiar nuestro presente, para odiarnos a nosotros por ser irresponsables con los sentimientos, y sobre todo nos encanta evocar los besos que nos dábamos cada dos segundos, y los te amo que no se cansaban de salir de nuestras bocas para entender por que hemos cambiado tanto y nos convertimos en los obsesivos repulsivos de un amor que se hizo trizas y nos destruye la vida para saber que estamos mas vivos que nunca.

Multiples personalidades

Todos los días soy una persona diferente, y no pretendo que ningún terrestre, habitante de mi mundo inventado lo entienda.
Mucho menos quiero hacer maromas en las mentes subdesarrolladas de las personas que me escuchan hablar para que comprendan que las cosas no son quizás como yo pienso, pero mucho menos como lo hacen ellos.

Hoy, escribo con la soberana certeza de que mañana no seré lo mismo, ni la sombra de lo que soy hoy. Hoy soy un transeúnte nocturno descubriendo que no tengo que luchar por cambiar, por que se me hace demasiado fácil.
Mañana tal vez, no recordare lo que pensé hoy, y haré lo contrario de lo que planee con tanta seguridad.

Mañana tendré otro estilo, y comprare unas flores que jamás pensé en comprar por ser tan simples, comprare un libro de recetas, en vez de una revista de modas, haré cualquier cosa y con mucho gusto de estar haciéndolo, pero al siguiente día no entenderé ni un poco porque lo hice. Pero tampoco me arrepentiré.

Hoy defiendo al amor y lo señalo como la única bandera de mi existencia, mañana lo rechazaré y buscaré un paraguas para que no caiga sobre mi piel ni una gota de el.

Hoy recuerdo los amores pasados como si no hubiesen pasado hasta tractores sobre ellos, pero mañana a penas salga el sol, tal vez mi corazón sufra de alzheimer y le ordene a mi paciente corazón morirse de amor por la persona que lo hace funcionar.
Soy valiente por no temer a la personalidad que quieran adoptar mis sentidos el día de mañana, soy dueña de todas y lo escribo al mismo tiempo que mis labios se tuercen forjando una especie de sonrisa, no importa si pronto estaré de acuerdo con el sistema social que quiere todo izquierdista o soy una fiel de la extrema derecha.

No importa lo que sea mañana, porque estaré tan orgullosa de serlo, que me desenvolveré bastante bien con el tema del día que haya escogido mi rebelde subconsciente.

Soy una construcción de tendencias, una rocola, una enciclopedia, y la sección de noticias de algún patético canal de televisión.

Mis años están llenos de 365 días bien utilizados, y muy variados, sin duda alguna.
Hoy encontré la musa y lo más seguro es que mañana se haya escondido de nuevo en alguna de las múltiples personalidades que se alojan en cualquier recóndito sitio de este ser humano que se lamenta de serlo, de este ser humano que como tantos otros carecen en tantas situaciones de compasión y caridad.

Hoy escribió la mujer que no se cansa de tener dudas, de callar a pesar de que tiene muchas respuestas para los demás. Escribió sorprendida de la complejidad que tienen sus semanas, y va a dejar de escribir esperando descubrir quien será el ansiado día de un fin de semana de noviembre.

Tú,amor

Como las gotas que al caer forman espirales en los charcos, con mucho aceite, o sin arcoiris alguno.
Así eres tú, en el duro asfalto, en el oscuro asfalto, llevándote todo, arrastrando nada; caes en huecos desbordando agua, y estas ahí en algo que simplemente no es más que tu mismo.
Controlas los ánimos y las temperaturas corporales, los pensamientos, las ganas de llorar, de salir, de enfrentar.
Porciones de cielo y tierra, sólo eso eres tú. Una realidad incomprendida.
Llegas, te vas, casi nunca te quedas, regalas nubes grises, ruidos estruendosos, y también arcoiris en el cielo, después de que pasa todo.
Tú, razón de vivir, razón de presionar el botón para que los ojitos brillen, vida y muerte deliciosa.
Tú, amor, tan deseable, tan despreciable, tan esperado y temible...

Marioneta Onírica

A diario me despierto o comienzo a soñar muy confundida, aún no se distinguir la acción de abrir los ojos y ver el sol a la acción de cerrarlos y dejar que mi subconsciente se apodere de mí. Dicen que los sueños están hechos de material sensible, pero yo, y lo digo con el derecho que me confieren mis sueños que todas las noches se construyen con una libertad atroz, yo estoy segura que los sueños tienen la misma fuerza que todos los episodios de los que eres testigo cuando se supone que estas despierto.

Soy una marioneta de las noches, tanto así, que no se si vivo cuando estoy despierta, o cuando por fin me dispongo a descansar. ¿Cómo descubrir lo que es cierto en mis días si todo es igual de consistente?, si las heridas que me ocasionan en los supuestos segundos oníricos son igual de graves que las que existen cuando todos mis sentidos están totalmente advertidos, si la sonrisa que se dibuja en mi cara cuando mi alma se siente completa en una sádica pesadilla, es casi igual que el intento de sonrisa cuando me doy cuenta de que otra vez jugaron conmigo los transeúntes de la oscuridad y sólo eso.

No sé separar lo que vivo y lo que no, porque no sé si en realidad vivo ambas cosas, o si la verdad es que no vivo ninguna, es tan difícil entender que estás secando unas lagrimas que derramaste con los ojos cerrados y tan complicado arrancarte un dolor del corazón que a pesar de que lo sentiste cuando la sensibilidad de tu cuerpo estaba reducida, que prefieres creértelo todo para no entrar en discusiones contigo mismo.

Lo más duro de la situación no es analizar y por fin dar con la respuesta adecuada de lo que es real y lo que no, si no dejar a un lado los recovecos de tu memoria y aceptar que todo fue un plan de tu comunicativa actividad cerebral mientras crees que nada grave va a pasar.

A veces ocurre todo lo contrario, y obligas a tu mente a deshacer esas imágenes que son peores que las que ves al despertar. Y simplemente buscas el manual de los sueños para echarle la culpa a algo de lo que tu subconsciente es capaz de crear cuando no eres dueño de ti mismo.

Poco a poco vas desarrollando un cariño inclemente hacia la vigilia porque te da miedo inferir lo que te espera si eres tan valiente para contar las ovejas que sean necesarias y ahogarte en un lavamanos de símbolos, frases, colores, sentimientos, vidas y lamentándolo mucho muertes también.

Mis letras


Las letras están en mi cuerpo regadas por ahí, en cada recoveco, en cada curva, están dispersas, pensando en buscar un sitio mas seguro, se sienten palpables, se sienten observadas por todos en los andenes del metro, en la calle inclinada, en el ascensor… se sienten descubiertas por los mal intencionados, y perseguidas por los que perdieron su musa por no valorarla.

Las letras se esconden de tanta maldad, pero jamás de los prejuicios de la sociedad, mis letras están arraigadas a mi alma, a mi espíritu trovador, están plantadas en mis venas y les incomoda sentir cuando la sangre se calienta por las injusticias de este mundo.

Ellas viajan, bailan sin música escondidas de los ignorantes, ellas suben y bajan, se vuelven insignificantes para los que no aman la lengua castellana, pero gritan a través de los párrafos para que los soñadores las lean.

Son susceptibles y a veces crueles, sobre todo cuando se van de viaje y no logro hallarlas, las llamo con voz suave, hasta que mi cuerpo se siente tan inútil que comienzo a buscarlas en el cielo, en las paredes rayadas, en los dibujos, en los ojos de la persona que amo, en los gestos de las personas que veo en la calle y en las palabras de las personas que no ven mas nada de lo que tienen a su alrededor.

Así son mis letras, desordenadas, fugaces, soñadoras, impacientes, escurridizas; son las mejores amigas, la mejor compañía, y las que sin querer a diario cuentan mi historia.

Hoy quiero, simplemente, volver a ser yo.

Siempre paso demasiado tiempo sin escribir, demasiado tiempo para mi gusto, y es que decidí un día dejar de pensar tanto, sólo que extraño de una manera exagerada ser yo, y escribir con el alma confundida como la solía tener a diario. Y es que hasta extraño tener el alma confundida, rechazo la estabilidad irremediablemente destructora. Y he llegado a extrañarme tanto, que evoco las depresiones como si en el momento las disfrutara cuando sé que es una manera momentánea de morir.

Hoy sé que soy una esponja y absorbo el olor de basurero del alma de la gente que me importa, que aunque trato de cambiarle un maldito día a alguien por algo más ameno, jamás lo van a valorar, porque las personas siguen siendo personas, y sólo eso. Y no son capaces de dejarte existir de verdad.

Hoy también sé que una vez al mes, debo leer mis poemas preferidos para no olvidarlos, y recordarme a mi misma, porque en cada uno de ellos me escondí una vez, simplemente para sobrevivir como siempre, en unas letras.

Hoy le ruego a la traicionera inspiración que no me abandone más, que me permita reirme y llorar con su ayuda, con su magia redentora, que una vez conocí, y ahora no la puedo dejar ir.

No quiero que mis palabras se queden encerradas en mi alma, porque las cicatrices y las letras, si están juntas, congelan lo que tocan. No quiero dejarme aplastar por la simplicidad de una vida sin un subconsciente que canta, aunque la mayoría de las veces desafina.

Intenté mejorar mi vida huyendo de las intensidades de las que soy eternamente dueña, y aprendí que si me deshago de lo único que es realmente mío, mi vida deja de ser vida, y sólo me da permiso para ver tiendas, dormir, aceptar las injusticias y no luchar por mis ideales.

Hoy quiero, simplemente volver a ser yo.
 
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