jueves, 4 de febrero de 2010
Alucinando...
Te alucino… si lo hago. Y sin vergüenzas, sin normas de vida, ni reglas que rigen la cantidad de minutos que tiene permitido un ser humano para pensar en otro, me refiero a los límites creados por nosotros mismos para no excedernos a sentir.
Hoy, es primera vez que te escribo a ti, te lo mereces sólo por vivir en este planeta y tan cerca de mi, y tan dentro de mi, aunque nunca lo imagine.
Te escribo a ti , por que no me equivoque cuando te vi, estoy segura; y si lo hice, quiero ser dueña de todos los momentos para descubrirlo, para descubrirte, para que me descubras. Quiero darte mi vida en un segundo sin penas, sin recuerdos; quiero que te llenes de mis ángeles y si quieres también de todos mis demonios.
Quizás esto jamás te lo diré por que no serás tú tampoco el que valores mis quimeras, pero quiero intentar que seas otra huella en mí…. Otra mancha que forme parte de mi antología de experiencias.
Trataré de quedarme un poco en ti, y que aunque no estés conmigo, estés con un poco de mí.
No importa si todo esto dura un minuto o mil años, si te miré y volteaste sólo a mirarme, ya eso es suficiente para estar convencida de que fuiste el dueño de mi alma en ese ecuánime momento.
Supongo que en este momento es normal alucinarte y que justo ahora es preciso alucinarte. No me importa si más tarde fue el error más grave.
Te extraño aunque no tengo por que hacerlo, y estoy preparada para extrañarte aún más si existen los motivos perfectos para morirme por que no estas conmigo.
Me quiero morir hoy, la noche que te escribo, alucinando, que estas aquí, conmigo y más contigo que nunca, pero no me niego a morirme por la melancolía causada por que no te tengo ya.
0 comentarios:
Publicar un comentario