Como las gotas que al caer forman espirales en los charcos, con mucho aceite, o sin arcoiris alguno.
Así eres tú, en el duro asfalto, en el oscuro asfalto, llevándote todo, arrastrando nada; caes en huecos desbordando agua, y estas ahí en algo que simplemente no es más que tu mismo.
Controlas los ánimos y las temperaturas corporales, los pensamientos, las ganas de llorar, de salir, de enfrentar.
Porciones de cielo y tierra, sólo eso eres tú. Una realidad incomprendida.
Llegas, te vas, casi nunca te quedas, regalas nubes grises, ruidos estruendosos, y también arcoiris en el cielo, después de que pasa todo.
Tú, razón de vivir, razón de presionar el botón para que los ojitos brillen, vida y muerte deliciosa.
Tú, amor, tan deseable, tan despreciable, tan esperado y temible...
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