jueves, 4 de febrero de 2010
Siempre hay un banco desocupado...
Hoy, con las ganas tradicionales de querer mudarme de mundo, con la certeza de que siempre va a haber un banco en esta difícil ciudad desocupado para mí, me siento a escribir….
Las palabras brotan por los poros, por que siempre las siento de verdad; y me agitan la razón para que retroceda el tiempo y recuerde, sólo recuerde.
Y las consecuencias son instantáneas por que deseo estar de nuevo en un jardín enorme, acostada, viendo sólo lo que quiero ver, no sólo ardillas, si no también las figuras en las nubes, y justamente todo lo que mi subconsciente extraña.
Y quiero que llueva a cantaros sólo para esperar un arco iris y convertirme en colores y para correr y mojarme en la lluvia, aunque lo odie.
Añoro encerrarme en el castillo que nunca tuve a dibujar milagros, a pintar fantasías que para mi no son utópicas, si no que existen de verdad.
Hablar conmigo misma, abrir puertas presuntuosas, tocar timbres de otras casas, rayar las paredes del castillo, escucharte contándome las mismas historias todos los días, leer los mismos cuentos, cocinar plantas, comer tréboles, hacer merengada de helado y frutas, prender velas de colores, acercarme a ti, alejarme de ti, llenar paginas de diarios, amar, amar…amar.
No quiero crecer más, quiero ser la misma de antes, y temerles a los payasos y amar a los arlequines. Quiero hundirme sola con la ayuda de mi imaginación en el mundo que desde que lo invente quiero para mí.
Quiero ser feliz, y no sentarme en un banco a percibir la única verdad que me rodea, que necesito pura magia para vivir exactamente como quiero hacerlo…. Y la magia está escasa.
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