Aún cuando te voy a ver aparece el olor del incienso de sándalo; el mismo que olía cuando te iba a ver al principio, el principio demasiado perfecto, el principio que extraño con ímpetu, el principio que quiero volver a vivir, que quiero hacer que viva de nuevo.
No se si es para bien, o es para mal, que el olor al incienso nunca regala malos augurios, si no todo lo contrario, aunque luego todo se destruya; el humito de la varita con aceite esencial me posee, me construye, me deshace, me renueve, me desaparece y me hace caminar cada vez más rápido para llegar a darte un beso, en donde sea, pero un beso.
Creo que nunca se me va a olvidar la sonrisita que nuestros labios adoptaban cada vez que nos veíamos, creo que ya no ocurre; esa sonrisa tímida pero completa, ese gesto leve pero suficiente, esa expresión chica pero descomunal, yo aún sonrío cuando te veo, pero por dentro, yo aún te miro, te miro demasiado, por fuera, también por dentro.
Y también cuando apareces, o aparezco; se me revuelve la vida, y mi corazón si late, como cuando te tengo muy cerquita, aunque nunca lo sientas; y revolotean luciérnagas, con mucha energía, con luz excesiva . Y pienso en tú corazón que si se expresa como es, que no tiene pena, que late sin pensar mucho, mientras tú si lo piensas demasiado todo.
Vivimos en una guerra que cuando comenzamos a medir centímetros y milímetros con nuestros rostros se convierte en pura paz, aunque tú no tengas paz ahorita, ni yo tampoco, si existe paz cuando nos acercamos mucho, además no sólo paz, si no el deseo dotado de hermosura, el mismo deseo de siempre, que lo creo más de espíritu que de carne, que lo considero más demostración de amor que simples caricias, que es para mi el puente para algo rociado de brillantes, que es para los dos, aunque no estemos en unas escaleras, unas escaleras para el cielo.
Debo decir que te extraño como te extrañaba antes de conocerte; te necesito como te necesite toda la vida antes de mirarte a los ojos y caminar hacia a ti para hablarte, y que te miro con los ojitos que siempre he tenido, que no transmiten mucho, pero que brillan más desde que te descubrí.
Y para no seguir plasmando verborragias moderadas, pero igual intensas, no escribo más por hoy. O no escribo más por ti. Ya dije que te extraño, pero lo digo otra vez, te extraño. Y mi mente esta buscando estrategias para recordarte el sabor de los besos que existían diariamente y para conseguir los sueños que teníamos juntos, y las ideas que eran de los dos, los temas de conversación llenos de contrariedades, para ver si te hago regresar.
0 comentarios:
Publicar un comentario